miércoles, 8 de junio de 2011

Caminar. Respirar. Estar.

Quiero caminar por la ciudad. Por mi ciudad.

Por esos rincones donde alguna vez me tomé un café con la gente que quiero, donde besé a alguien o donde esperé con mariposas en el estómago a uno de los tantos que por antonomasia, me han ayudado a ver lo bacán que es mi rucio.

Quiero caminar por las calles que alguna vez caminé, pensando, mirando los edificios, con Sabina o Drexler cantándome al oído. O que quizás caminé con mi paso rápido, apurada, yendo hacia otro lugar, viendo sin mirar lo que me rodeaba.

Quiero mirar. Quiero respirar.

Inversamente proporcional, como siempre: conforme falta menos tiempo para irme, más apego siento hacia la ciudad, ese ente, constructo abstracto de calles, edificios, plazas, cafés, rincones. Ese todo que es más que la suma de sus partes. Santiago. Siempre me ha sonado una palabra dulce.

El invierno es perfecto, frío y con esa luz pareja y de poco brillo que hace que las fotos salgan tan bonitas.

Caminar. Respirar. Estar.

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