viernes, 5 de noviembre de 2010

Haber sabido antes

Uno de los pendientes que tenía en la vida era mejorar mi nivel de inglés, y claro, el hecho de tener una relación amorosa con un angloparlante le ponía más premura al asunto.

Entonces, disponiendo por fin del tiempo libre que no tuve mientras estudiaba mi magister, y consolidando la hipótesis de mi madre acerca de mi “logoholismo” –neologismo con el que me enrostra mi adicción al estudio-, me matriculé en un curso de inglés, por supuesto en modalidad intensiva, de lunes a viernes después del trabajo.

Para mi sorpresa, y gracias a todo lo que he aprendido en estos meses de relación con el rucio, quedé en el nivel 9 de un máximo de 10, por lo que sólo debo tomar dos cursos antes de pasar al nivel preparatorio del TOEFL, mi meta en esta materia.

Entré a la sala con mis libros, mis lápices y cuadernos, y me senté en una de esas sillas con la mesita pegada a la derecha, de esas que no usaba desde que estaba en la Universidad.

El curso es pequeño: sólo 7 personas más y yo, lo que hace que la dinámica sea rápida y fluida, porque aunque nadie habla perfecto y todos cometemos errores, la fluidez es el común denominador del nivel 9.

Heather, nuestra profesora gringa pidió que, como primer ejercicio, nos presentáramos y contáramos algo de nosotros. Entonces, el conteo preliminar es el siguiente: Un cientista político, que venía llegando de un diplomado en EEUU y se quería ir de nuevo a hacer un master, un ingeniero informático recién salido de la Universidad que se estaba comprando su primer departamento, un estudiante de música, que quería viajar y conocer Europa, dos contadores auditores que también querían viajar y dos secretarias, amigas entre sí, que querían trabajar como secretarias bilungues.

Y yo no lo podía creer!!!!! Después de preguntarme tantas veces en este mismo blog dónde podía encontrar a la gente chora e interesante, tanto para airear el panorama social como para ver si por ahí saltaba la liebre y conocía a mi próximo pololo –claro, cuando el rucio aún no estaba en mi vida-, lo supe: las clases de inglés –u otros idiomas, por cierto- son una buena instancia para conocer gente nueva, interesante, y que aparentemente, está en la misma onda que uno.

Haber sabido antes.

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