miércoles, 2 de junio de 2010

No tenemos por qué conformarnos con menos

Me sorprende que nos sorprendamos con aquello que no debiera sorprendernos, y que perdamos la capacidad de asombro con lo que debería ser la excepción y no la norma.

¿Por qué llegamos a pensar –también yo -, que el “te llamo pero no te llamo” está bien, que el “no sé lo que siento” es válido, y que el “no estoy listo para una relación” es una postura honesta de quien expresa su punto de vista, y no una celosía detrás de la que se esconde un cobarde (o una, en femenino) que no quiere admitir que simplemente, no ama, algo que es normal y perfectamente posible, pero que es una deslealtad no conversar abiertamente?

¿Y por qué nos sorprendemos tanto –o me sorprendo yo, ahora-, con mensajes de texto que me despiertan con besos de buenos días cada mañana, y que llegan a mi celular justo a la hora en la que suena mi alarma, o con muestras de cariño pequeñas, contundentes y cotidianas llegadas con regularidad y por correo certificado desde el otro lado del mundo?

Le dije al alemán que estaba feliz, encantada y sorprendida por la manera tan abierta y directa en la que me ha hecho saber que está enamorado, porque en mi cabeza, los alemanes eran gente más fría e impersonal, y me contestó con una verdad que me dejó pensando en todo esto: “Si no te lo digo y no te lo muestro, tú no sabrías que te amo, y yo quiero que lo sepas todos los días”.

Eso es todo. No podemos ni tenemos por qué conformarnos con menos.

5 comentarios:

Roberto Anki dijo...

Paris je t´aime.

Anónimo dijo...

¡Yo QUIERO eso!

Anónimo dijo...

que rico seria tener algo parecido ...

Sebastián dijo...

Eso es lo maravilloso... que en tu nueva relación existan cosas que marquen la diferencia como corresponde. Por algo lo elegiste y no te quedaste con un picante chileno, ¿no crees?

Lola dijo...

Y yo me pregunto... ¿a dónde va el amor que no expresamos? ¿Vive realmente o le matamos antes de que llegue a convertirse en algo?