viernes, 11 de junio de 2010

El perfume

El rucio se pone más rucio con el sol. Medio pelirrojo incluso.
Le carga que personas extrañas le saquen fotos –rara manía-, pero me ha hecho caso y me ha mandado varias fotos suyas en el verano europeo. Se nota que está un poco incómodo porque su sonrisa no es igual a la que tiene en las fotos que nos sacamos juntos.

Al rucio le gusta usar camisa, pero con una polera debajo. Si anda solo con la polera, se siente como en ropa interior.

Al rucio le gusta dormir hasta tarde, ver series de TV adora su trabajo. Me dijo que le encantaba planchar la ropa pero que le hacía el quite a cocinar, porque aunque le gustaba, no sabía hacer muchas cosas diferentes.

Igual que a mí, le cargan los mariscos pero adora el pescado, y sólo come tomate con la bruscetta, una delicia italiana compuesta de una especie de pan crujiente y bien delgado, con albahaca, tomate, ajo y aceite de oliva. Adora el chocolate y cuenta los días para tener de nuevo una bolsa de manjar y una cuchara delante.

El rucio tiene un olor corporal rico, como suave y dulce, y no usa perfume. Solo una colonia muy suave para después de afeitar que tiene olor a bergamota, el mismo olor que me sacudió hoy al entrar al metro.

Me estremeció, y por un segundo sentí la mano del rucio en la cadera derecha. Después la ira. “Cómo otro hombre iba a tener el olor de mi rucio?” Me pareció una insolencia, una burla, una bofetada.

Lo peor de todo es que como era de esperar, no fui capaz de identificar la fuente del aroma, y tuve que resignarme durante todo el viaje a la presencia-ausencia del rucio, pensando en la foto que me había mandado ayer, tomada por un extraño en un pueblo de Alemania, donde se veía con una sonrisa un poco rara, y más rucio que de costumbre, probablemente por el sol.

2 comentarios:

Claudia Canifru dijo...

¿Tai enamorá a larga distancia? Si es así, SUERTE.

Me gustó la forma en que escribes, harto harto.

Muchas gracias por la visita.

Sebastián dijo...

Me ha pasado algo parecido... en especial ahora que estoy casado y siento el olor de mi esposa en otras mujeres... es una lata, porque mi lado animal me hace lanzarme a ellas, pero mi mesura de marido responsable me detiene. Ipso facto.