lunes, 30 de julio de 2007

El tesoro

Tuve una experiencia bastante fuerte el sábado pasado, que me hizo cambiar una de mis más férreas posiciones ante la vida: decidí que quiero tener hijos.
Como todas las cosas importantes, partió como una casualidad: Una amiga que se cambiaba de casa me pidió ayuda y compañía para el proceso. Mirando entre las cajas que ya había armado, y las bolsas que contenían lo que iba a desechar, me mostró el contenido de unas cajas húmedas, rescatadas de la bodega del departamento después de haber sido afectadas por una inundación.
Se trataba de cosas dejadas ahí por los antiguos propietarios: una pareja de abuelitos que murió sin hijos y sin más herederos que unos sobrinos lejanos, que le vendieron el departamento a mi amiga, sin siquiera ver qué tenía adentro la bodega.
El contenido era prodigioso: más de 100 botellas de vino (lamentablemente en mal estado), loza, revistas, vestidos a la usanza de los años 50, moldes de ropa, cartas, libros. Envueltos con cuidado, había una caja preciosa, aunque húmeda, de pañuelos bordados, unas medias antiquísimas de esas para sujetar con un liguero, y sábanas de algodón con las iniciales bordadas. Me sentí como hurgando en otro mundo, en las posesiones que alguien guardó y envolvió pensando en usarlas en un momento adecuado, pero que terminaron arruinadas por la filtración de agua, el paso de los años y la falta de descendientes que se hicieran cargo de ellas. Ahí estaban los libros, las cartas y la ropa, las cosas de cocina y los aparejos de pesca (al parecer, el abuelo pescaba), mudos, mohosos, húmedos, incapaces de contarnos cuan importantes habían sido para ese matrimonio de ancianos.
Hice el ejercicio de imaginarme el aprecio que ellos le tenían a todos esos objetos, y tuve una sensación de impudicia tremenda, de estar fisgoneando en un lugar especial para el que no tenía permiso de entrar y del cual no sabía absolutamente nada, pero de todos modos estaba abriendo las cajas, desatando los nudos, rompiendo el envase inmaculado de las medias.
Sé que es tonto, pero quiero tener hijos para que alguien se quede con mi colección de diarios del mundo, con mis trabajos de la universidad y de los diplomados que he hecho y que he guardado sistemáticamente, con mi colección de bandas sonoras, con mis fotos, con mis artículos de cocina.
Además, quiero tener hijos para que a su vez ellos tengan hijos, y puedan decirles a ellos “la abuela era una vieja loca, era capaz de tomarse una botella y media de vino sin curarse, le encantaban las películas y siempre que caminaba por la calle le miraba el traste a los lolos que pasaban”. Quiero tener hijos para no ser la imagen desdibujada que una desconocida tenga de mí al ver mis cosas, como lo fue el sábado en la noche la antigua dueña del departamento de mi amiga.

4 comentarios:

Alejandra dijo...

Qué fuerte pensar en eso. Pero las grandes verdades de la vida llegan a uno en las cosas más simples. Nada de terapias ni psicologías de pacotilla.
Bueno, si alguna vez tienes hijos, ya sabes que puedes contar con la tía Ale, porque yo pretendo ser una tía buena onda y ver las películas de Disney con ellos.
Saludos

Paulix dijo...

Diablos! Definitivamente nuestras curvas de vida siguen movimientos radicalmente opuestos.
Yo pasé de querer tener hijos a no querer saber nada de ellos; una, porque con suerte me sé valer por mí misma para además estar ayudando a alguien más a hacerlo, y segundo, porque no quiero heredarle a nadie mis enfermedades y defectos.
Y respecto a que se queden con mis cosas, tendría que asegurarme primero que les interesan.
Eso sí, yo también quiero encontrarme un tesoro como ese, que entreteniiido!!!

in.tuyo dijo...

Me gustó. Una linda y generosa razón para querer tener hijos.

Jose dijo...

Creo que esa no es muy buena razón para tener hijos, pienso que puede ser un error tener hijos esperando que ellos sean algo “para nosotros”. Entiendo la necesidad de trascendencia y también el hecho que uno siempre tendrá expectativas sobre sus hijos pero creo que hay que tener cuidado y tratar de dirigir esas expectativas hacia ellos, o sea que sean algo por y para ellos mismo no para nosotros (por cierto no soy padre aun y si pretendo serlo lo que también puede ser un buen dato) .
Al final, hay que recordar que ellos son otra persona por más impacto que haya tenido nuestra crianza en sus vidas y, ellos decidirán por si solos lo que les parece o no importante.
Independiente de esto me alegro por tu decisión, ha! Y lamento lo del robo, espero pases la rabia y no tengas que vivir un poco temerosa.
Saludos jose