viernes, 22 de junio de 2007

Falta de tiempo

Con el magíster, la ayudantía de investigación, el trabajo y mis actividades sociales a las que no renuncio por nada del mundo, ando falta de sueño. Duermo poco, me levanto muy temprano a estudiar, y he debido sacrificar algunos placeres gozosos de la vida en el altar de la educación de postgrado.
Es cierto, a veces me gustaría tener más tiempo para mis amigos y mi familia, y para ir al cine. Tengo síndrome de abstinencia de estar sentada en butacas rojas tipo avión, con un café latte, viendo alguna película, y cuando pasa demasiado tiempo en el que no he ido, me empiezo a desesperar, y cometo locuras como arrancarme sola a la función de trasnoche un día martes.
Tengo tanto que leer que no tengo tiempo de leer. Es decir, entre manuales de relaciones internacionales, revistas de ciencia política y demás literatura sesuda, he dejado de lado mi afición por las novelas policiales (Perdóname, Ruth Rendell), y ni siquiera me he comprado el último libro de mi escritora fetiche, Rosa Montero, porque sé que dejaría de dormir para poder leerlo, así que lo haré cuando esté con menos cosas.
Además, debí dejar mis clases de tango. No puedo seguir dedicando dos horas de mi día sábado a aprender piques, ganchos y planeos, pese a que era una actividad que me encantaba, tanto porque era buenísimo poder ir a clases con mi mamá y compartir esa afición, como porque creo que saber bailar bien un baile tan bonito como el tango es puro valor agregado para una mujer.
Pero después de todo, uno tiene que priorizar, ver qué cosas son las que en realidad interesan y cuáles pueden ser sacrificios para aplacar la furia de los Dioses del Magíster, esos que dan las clases, corrigen las pruebas y ensayos y siempre piensan que su cátedra es la única que los alumnos tienen que atender.
La clave también está en ser flexible y no dejar de lado 100% aquellas cosas y personas con las que uno disfruta y que jamás serían sacrificables en aras de nada. Para eso, también hay que contar con el apoyo de esas personas, que siempre entienden, en mi caso, cuando no puedo hablar por MSN, cuando me corro de alguna salida o cuando estoy en un mal día y no ando con el mejor de los humores. A todos ellos, gracias.

2 comentarios:

Paulix dijo...

Para mí, la forma en como te las arreglas para lidiar con tantas cosas sigue siendo un misterio, que no pretendo averiguar o imitar, porque soy gata de chalet, no puedo hacer demasiadas cosas al mismo tiempo.

Pero aquí estamos para ponerle el hombro amiga, y lo sabes. Entendemos que no tengas tiempo ni para contestar el MSN, y te seguimos queriendo igual no más.

Nacho dijo...

Tú lo dices, la clave está en no dejar de lado aquellas pequeñas cosas y personas que hacen que esta vida merezca la pena.

Muchas veces lo menos importante se antepone y nos parece lo más importante.

Un besorrio.