lunes, 15 de enero de 2007

Las Vacas Gordas


No se trata de un restaurant de parrilladas (aunque bien podría serlo), sino del momento amoroso que atraviesa mi vida por estos días.

Se me ha juntado un par de buenos candidatos, y yo me dejo querer hasta que la elección sea imperativa. No vaya a ser que se vengan después las vacas flacas y me pillen sin siquiera haber sacado algo de provecho de este período.

El primero de los sujetos, nombrado en el posteo anterior, será llamado de ahora en adelante Bowie, debido a que tiene un ojo verde y el otro café, lo que pese a sonar raro, funciona muy bien.
Es, en orden descendente, guapo (con maldad, premeditación, alevosía y culpa), simpático, entretenido, inteligente e interesante. Ya se puede decir que tenemos algo aunque no sé bien qué. Amigo con ventaja puede ser un rotulo adecuado. El sábado salimos y lo pasamos muy bien, pero me dí cuenta de que salvo por lo guapo, no me gusta tanto como creía, básicamente por una o dos tonteras que para mí son bastante importantes: sabe poco de cine y no es una persona muy culta que digamos.
No le gusta el tango (y ni siquiera encuentra sexy que yo sepa bailar) y odia los animales. Es entretenidísimo, nos reimos a montones, chispeante y buen amante, hay que decirlo, pero no todo es pasión en la vida.
Él se escapa un poco a mi perfil amante de los animales (no como cerdo porque los adoro, aunque me gustan mucho, por ejemplo), tanguero, cinéfilo y lector, ñoño si se quiere, y siento que eso me ha hecho decaer un poco el entusiasmo. En todo caso hay que ver qué pasa, pero es cierto que es mejor que esto ocurra ahora, a tres semanas de conocernos, que cuando esta relación tenga otro rótulo más serio.

Por otro lado está El Padrino (en honor a la polera que tenía puesta cuando nos conocimos). En estricto rigor, hace tiempo que nos conocíamos, pues es el típico amigo de una amiga al que siempre uno se topa en eventos sociales, pero sin reparar mayormente en él. Resulta que en un evento social hace poco nos pusimos a conversar y concordamos en muchas cosas, como el gusto por el cine, la ñoñez, la buena mesa y el tango. Es, en orden descendente, interesante, inteligente, culto, simpático y guapo. Dato al margen, tiene una voz maravillosa, bien grave.
Salimos el viernes y terminamos en un sibarítico restaurant tailandés hablando de cine y de las cosas buenas de la vida, sentados a pie pelado comiendo exquisiteces. Y puede que haya sido sólo yo, pero sentí que hubo química y que la cosa podía resultar.

De todos modos, y como dije antes, yo me dejo querer.

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